Me dice Filmin que apenas 1700 personas han acudido a un cine a ver 4 días de mayo en su breve paso por las salas. Desde luego, han sido 1700 afortunadas personas, con buena intuición. Yo ni siquiera recuerdo haberla visto en cartelera en los cines, cada vez menos, de mi entorno más próximo.
Y he disfrutado mucho viéndola. No es una película bélica al uso.
‘4 días de mayo’ nos habla de personajes que pueden ser a la vez amigos y enemigos. Una historia alrededor de un orfanato a la orilla del mar hacia el que caminan soldados alemanes y rusos.
Me interesa mucho el hilo de su historia donde, en un momento dado, se diluye la frontera entre buenos y malos, entre el bien y el mal. En plena Segunda Guerra Mundial, apenas a cuatro días de que la Guerra finalice, el relato parece por momentos un cuento pergeñado para explicarnos que nada es a veces lo que parece, que nada es negro ni blanco, que hay demasiados matices, que incluso en la más perversa de las invenciones humanas que una guerra supone, hay quién es capaz de seguir reglas y códigos y quién no, y que en situaciones extremas aflora a la superficie de algunas personas aquello que los hace seres humanos y aquello que merecería retirarles el adjetivo “humano”.
El niño Paul Wenzel, abre el film sosteniendo un plano que ya nos anuncia un posible actor muy prometedor. Alexei Guskov en el papel de Capitán Kalmykov está soberbio. Y dirigiendo la historia, Achim von Borries, para más señas, guionista de Goodbye Lenin. El guión nace en este caso de una historia supuestamente real aunque sobre la que hay cierta polémica sobre la veracidad o no de los acontecimientos. Para el caso es lo mismo, obviamente, nos habla de cosas que muchos no quisieran reconocer que pudieron haber pasado…


















