En Austria, en el centro de Viena, está ‘Die Albertina‘ (La Albertina) un magnífico museo con una amplia colección artística. De entre los miles de dibujos y grabados que allí pueden contemplarse y que, en muchas ocasiones, han viajado y se han expuesto en salas de todo el mundo, nos acordaremos hoy de ‘El hombre árbol’ de El Bosco.
Si bien tenía pensado dedicarle este texto a ‘El jardín de las delicias’, aprovechando la muestra que el Museo del Prado ha inaugurado coincidiendo con el quinto centenario de la muerte del pintor, reconozco que me abrumaba sentarme a desarrollar todo lo que, a partir de ese cuadro inmenso, extraño, desconcertante y apasionante puede decirse. Así que he decidido escoger otra obra del pintor holandés… aunque indirectamente relacionada con la mencionada.
‘El hombre árbol’ no os será desconocido a los que sepáis del artista holandés, aunque puede que algunos no hubieseis oído en concreto de esta otra versión. ‘El hombre árbol’ es un fascinante elemento, central y destacado en ‘El Jardín de las delicias’. Lo enigmático y atractivo de esta historia es que ‘El hombre árbol’ no sólo aparece aquí, sino que podemos contemplarlo también en aquella otra obra, en blanco y negro, en la Albertina, y que hasta septiembre estará también en el Prado.
A mi, este otro y más desconocido hombre árbol me fascina todavía más, en sus diferencias y originalidades, con respecto al que encontramos en El jardín. Su cabeza está aquí coronada por un jarrón, del que fluye una escalera a partir de la cuál parece ir a deslizarse un personaje al que vemos asir una cuerda enlazada a un mástil de bandera que sale del lomo de la figura y donde en este caso no vemos el símbolo de la gaita, sino una media luna. De esa misma e inmensa espalda, que cubre aquí también una taberna, vemos salir un par de árboles, y sobre una rama del que tiene el tronco más grueso, permanece en reposo un enorme búho.
De esta criatura, precursora del genio surrealista y ejemplo poderoso de esa magnética pintura que encandiló y obsesionó a Felipe II, se han hecho múltiples interpretaciones. Y es que ciertamente Hieronymus van Aeken Bosch, “El Bosco”, ofrece casi más diversión para muchos en la interpretación que en la contemplación de su pintura. Algunas de estas interpretaciones han querido ver en este monstruo árbol una idea de autorretrato del propio autor… aunque puestos a aceptar esa línea de pensamiento, preferiría inclinarme por la de aquellos que ven ese autorretrato en la pequeña figura pensativa que, en el hombre árbol de El jardín de las delicias podemos encontrar en una esquina de esa taberna cáscara de huevo. Pero, y siendo así, ¿dónde estaría el autor en el hombre árbol de la Albertina de Viena? ¿Quizás el búho que contempla la escena desde lo alto?
Y vosotros… ¿qué pensáis?
En fin, sea como fuere, disfrutemos de la obra.













No conocía la existencia de este otro «hombre árbol». Resulta muy interesante