Cinco minutos extraordinarios nos ponen en situación, un salto al vacío que nos sumerge en un mundo orwelliano donde unos títulos iniciales nos anuncian que…
“100 mil empleados [de la policía secreta] y 200.000 informantes salvaguardan la dictadura del proletariado. El objetivo: saberlo todo”.
A continuación, el protagon
ista alecciona a sus alumnos acerca de las técnicas psicológicas para el manejo de un interrogatorio. Y nos zambullimos en la historia plenamente.
Tentado estaba de introducir en este artículo, para ilustrarlo, un fotograma que pertenece a una de las últimas escenas de la película y que constituye uno de los momentos cumbre del filme… aunque, por responsabilidad, evitaré hacerlo, para no regalarles un inmenso spoiler que les frustraría el disfrute y el descubrimiento de ese gran final. Porque, y esto es importante subrayarlo, si en los minutos finales de esta película ya estarás totalmente convencido/a de su grandeza, en ese par de minutos finales le concederás, inevitablemente, la categoría de obra maestra. Porque el final de La Vida de los Otros es un gran broche a un producto cinematográfico redondo, una conclusión magistral donde, además, una simple frase lo resumirá todo.
Más allá del canon habitual de las películas de este momento histórico en Alemania
Probablemente habrás visto más de una y de dos películas ambientadas en la vieja Alemania, aquella RDA que vivía detrás del Muro de Berlín. Y puede que, cuando leas acerca de la sinopsis de este filme, o incluso que en su momento, cuando la viste en cartelera, inmediatamente la identificaras en una categoría muy concreta de película sobre la Guerra Fría, en un formato muchas veces revisado y que, no por eso ha dejado de dar excelentes películas. Pero si evitaste verla en su momento porque creíste que te iban a dar más de lo mismo, no vuelvas a cometer el error. Esta película no se somete al canon habitual que sus circunstancias históricas hacen suponerle. Probablemente, durante muchos minutos vayas a esperar ver grandes conspiraciones y despliegues y giros de acción en la trama que coloquen el discurso fílmico en los parámetros habituales de productos sobre espionaje y la antigua RDA. Pero no esperes esas piruetas, aquí la gran acción no llega con pistolas, y arriesgadas maniobras de contrainteligencia. La gran acción tiene lugar en las mentes de los personajes principales, en la evolución de sus emociones y de la naturaleza que caracteriza a cada personaje. En la simpleza de ese relato de personajes está a la vez la grandeza del relato.
Se conmoverán ustedes con la naturalidad con la que se quiebra el capitán Gerd Wiesler, soberbiamente interpretado por el actor Ulrich Mühe, tristemente fallecido, un agente de la Stasi de infalible inteligencia, pero de falibles emociones. Conduciendo la historia junto a el tenemos al dramaturgo interpretado por Sebastian Koch, un ingenuo autor que lucha por encontrar su espacio en un ecosistema asfixiante para un intelectual que se pretende librepensador, y a una excelente Martina Gedenk interpretando a una actriz (¿alguna vez han pensado ustedes en las metacomplicaciones interpretativas de dar vida a una actriz?). Corre el año 1984 y el Muro es una realidad contundente e inaccesible para unas personas que ni siquiera imaginan que en un lustro tanto el cemento como muchas convicciones se desmoronarán.
Florian Henckel von Donnersmarck dirige y firma el guión, y todo encaja, diálogos, los que escuchamos, los que presentimos y los que evocamos, en un círculo perfecto. La Vida de los Otros arrasó en los premios del cine alemán en 2005. Y un año después mereció el Oscar a la mejor película de habla no inglesa (aquel año por cierto, competían en esa categoría también ‘El laberinto del fauno’, de Guillermo del Toro, y ‘Volver’, de Pedro Almodóvar).











