En los años 50 la violencia de la mayoría blanca sobre la minoría negra en Estados Unidos era tristemente habitual. La propia madre de Emmet Till le había advertido a su hijo de apenas 14 años sobre los peligros de visitar Mississipi junto a su tío Moses Wright, quién de visita en Chicago, donde Emmet vivía con su madre, quedó seducido por los relatos de su tío y quiso visitar el lugar…
…Allí encontraría la muerte a manos de un grupo de hombres blancos que, juzgados ante un jurado integrado por hombres blancos, saldrían absueltos. No era la primera vez que esto sucedía, incluso una semana antes se había producido otro suceso parecido.
Pero esta vez fue diferente. Mamie Carthan, madre de Emmet quiso que el ataúd quedase abierto, quiso que todos viesen la violencia sin razón que su hijo había sufrido. Las imágenes del cadáver llegaron a algunas publicaciones, y la indignación se fue extendiendo. Aunque la prensa no estuvo siempre a la altura: en el racista sur, algunos medios publicaban las fotos de los asesinos con sus uniformes oficiales y tratamiento de héroes militares… En pleno juicio, a los periodistas afroamericanos que acudieron ni siquiera se les permitió sentarse junto a los periodistas blancos… Así eran las cosas en ese momento en aquel país…
Pero ya no hubo vuelta atrás. El suceso fue un catalizador inevitable. Muchos conoceréis la historia de Rosa Parks, quien ese año de 1955 se negó a levantarse de su asiento en el autobús para que un hombre blanco lo ocupase. El conocido gesto de Rosa Parks es a menudo citado como un punto de inflexión clave en la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos. La historia de Emmet Till fue, durante mucho tiempo, mucho menos conocida. Pero Rosa Parks contó una vez que aquel día y en aquel momento, ante aquel hombre pensó en Emmet Till…: “Ya ya no hubo marcha atrás”.
En The Untold Story of Emmet Luis Till (2005), documental de Keith Beauchamp
, se cuenta la historia:
Anteriormente citamos el reciente Preacherman, de Melody Gardot, una exquisita obra de arte musical y con un clip a la altura. Pero no ha sido la única vez que un músico se ha ocupado de esta historia. Aquí otros dos ejemplos:
Death Of Emmett Till, de Bob Dylan
Blues para Emmitt Till, de Vinicious de Moraes y Toquinho



















